Archivo de la categoría: Pensamiento positivo

Una pausa…

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Una pausa…

Me detengo…
Pongo el lapicero sobre el cuaderno y los dejo a un lado
Doy un sorbo de café… Tal vez dos
Y reviso con mis ojos lo que tengo alrededor…

El florero pequeño de cristal brilla hoy con más intensidad
La luz del día es tenue
La vida pasa leve en estos días
Sentirla con tanta conciencia y sin prisas, es maravilloso.

Saber que cada mañana de esta semana tiene todas las horas disponibles para disfrutar, me cambia el lente de la percepción.

Hoy, con una mente descongestionada, disfruto de los regalos del día:
Un sol de baja intensidad,
El canto de las aves,
El viento fresco y nuevo de la mañana,
La humedad de la lluvia de anoche,
El calor de la casa,
El aroma y el sabor del café,
El silencio…

¿Plenitud? ¿Paz? ¿Alegría? No lo sé, pero me gustan estas pausas en la actividad imparable del mundo actual. Sacar el “pie del acelerador” y disponerme conscientemente a disfrutar del placer de no hacer nada…

¿Quisiera atraer a más personas a su causa?

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Primero, NO los insulte. Que los demás no compartan “su” verdad o sus ideas, no significa que sean “tontos”.

Segundo, intente comprender la posición del otro y cuáles son sus necesidades. Se sorprenderá de la capacidad de razonar que tiene la mayoría de personas.

Tercero, Explique sus ideas de forma que aquellos que está tratando de atraer identifiquen los beneficios que les brindará sumarse. Nadie lo hará solo PORQUE SÍ, debe ofrecer razones para que CONSIDEREN su posición.

Cuarto, no se muestre prepotente. No hay actitud que aleje más a las personas que la prepotencia.

Quinto, EVITE posiciones dogmáticas. Ofrezca RAZONES.

Sexto, no se proteja con las debilidades de su opositor. MUESTRE y CONCÉNTRESE en sus fortalezas.

Séptimo, ESCUCHE detenidamente.

Mis mantras del 2013

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Imagen: iStock

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El mundo es un lugar complejo, nunca hemos estado seguros en este espacio. Desde el principio de los tiempos hasta ahora, las amenazas de la tierra y de quienes la habitamos han sido una constante. La vida, aparentemente, es lucha. Un estado permanente de guerra.

Pero vivir en ese estado no es saludable. Así es que cada uno debe buscar su refugio personal. El mío está edificado sobre libros e ideas; naturaleza y espacios abiertos. Mi refugio, ese lugar donde lo que creo, lo que valoro, lo que pienso y lo que amo están a salvo de guerras. Esas luchas que buscan conquistar mi forma de vivir, mi forma de creer en un Dios y mi forma de ser un individuo de provecho para la “sociedad” que algunos “venden” como “lo correcto”, lo adecuado”, el “deber ser”.

Buscando protección, he encontrado muchas ideas que se convirtieron en mis “mantras”. Los mantras, según la RAE, son “…sílabas, palabras o frases sagradas, generalmente en sánscrito, que se recitan durante el culto para invocar a la divinidad o como apoyo de la meditación.” Para mí, son palabras que hacen eco con mi esencia; y las recuerdo constantemente para relacionarme, en una forma saludable e independiente, con el mundo y sus ideas. Tarea nada fácil.

Estas frases me han permitido encontrar alguna lógica al por qué las cosas son como son, me han ofrecido paz y orientación; y muchas veces han actuado como escudos protectores ante las ideas de otros acerca de lo que soy o como soy.

En 2013 me acompañaron, insistentemente, dos frases de Gandhi:

1. “I will not let anyone walk through my mind with their dirty feet” / “No dejaré que nadie camine por mi mente con sus pies sucios”. 

La frase nos invita a tener fuerza e independencia de pensamiento. Y eso, me parece, se consigue leyendo, observando detenidamente a las personas, a las situaciones que nos rodean, pero sobre todo observándonos a nosotros mismos.

2. “A man is but the product of his thoughts. What he thinks, he becomes.” / “Un hombre no es más que el producto de sus pensamientos. Lo que piensa es en lo que se convierte”.

Esta nos mueve a observar nuestros pensamientos. A preguntarnos en qué creemos, cuáles son los valores que nos repetimos, consciente o inconscientemente, y que con el paso de los días, las semanas, los meses y los años, terminan puliendo eso en lo que nos convertimos.

Pensar detenidamente, filosofar sobre la vida, detenerse en este mundo que va tan de prisa son, para mí, tareas vitales.

Mágico de verdad

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El Salvador es sin lugar a dudas un lugar mágico. A pesar de la violencia descontrolada, la contaminación y la deforestación que le hemos provocado a esta tierra hermosa y agradecida.

El espacio geográfico es especial. Lo ven y lo perciben quienes nos visitan. Parece que, para algunos, es fácil apreciar la naturaleza exótica y las bellezas que la tierra nos ofrece. Para nosotros, los de aquí, no es tan sencillo. Es como si viviéramos enfrascados en nuestros mundos particulares y complejos. Vivimos con la vista hacia el suelo; muchas veces derrotados y otras llevando adelante batallas estériles. Perdiéndonos de eso tan sencillo y al alcance de todos, la belleza natural de El Salvador.

Un espacio reducido para la cantidad de personas que lo habitamos. Lo hemos desgarrado, continuamos destruyéndolo. Individuos, familias y generaciones, que vivimos sintiéndonos menos, que no creemos que valemos y por eso, solo nos queda pelearnos entre nosotros mismos. Difícil realidad que nos arrastra, pero que también impacta negativamente sobre la belleza de esta tierra.

Ojalá podamos querernos, tan solo un poquito, y levantar la mirada para respirar ese aire de vida que ofrece esta tierra mágica.

Desde el Volcán de San Salvador

Desde el Volcán de San Salvador vista del Lago de Ilopango y el volcán Chichontepec en el oriente del país

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Preguntas y flexibilidad mental

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questions or decision making concept

Imagen: istockPhoto

En la mañana tenía clara la idea que quería expresar. Ahora que me siento a escribirla, se me ha escapado. Pero trataré de ponerla en breve…

Pues el asunto era acerca de la necesidad de cuestionarnos las ideas con las que hemos construido nuestras vidas. El objetivo: hacer un examen sobre las creencias en las que fundamentamos la vida y la forma en como nos relacionamos con el resto.

Cuestionarse a uno mismo, es saludable. Tomarse el tiempo para revisar nuestras creencias, principios y valores nos hará volver sobre nuestras vidas con más certeza o tal vez con más dudas; pero con un ejercicio de flexibilidad mental y tolerancia por las ideas de otros que tanta falta nos hace en estos tiempos. 

Somos una mezcla de ideas, principios, ideales y experiencias. Nadie está hecho de una sola pieza, y por eso, me parece, que es vital hacerse preguntas.

Por ahí iba mi idea…

Reduciendo a un acompañante innecesario… el estrés

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La Naturaleza nos regala tanta hermosura...

La Naturaleza nos regala tanta hermosura…

Sí, es cierto, es difícil desconectarse. Vivimos tan de prisa, con tantos compromisos y responsabilidades. Vivimos con estrés… ese debería ser nuestro apellido. Es parte de nuestra vida como el sol, la luna y lo que nos rodea.

Es tan difícil apartarse de los efectos que produce el término: ESTRES. La dichosa palabrita trae consigo preocupación, ansiedad y enfermedades. Tiene una capacidad de hacernos tanto daño sino logramos controlarla o al menos reducirla.

Los psicólogos explican que es una parte natural de nuestras vidas porque sirve para alertarnos del peligro. Es una reacción fisiológica de nuestro cuerpo. La respuesta, de los humanos y el resto de animales, ante el estrés es prepararnos para luchar o para huir. Esta reacción instintiva nos hace tomar decisiones o acciones adecuadas a los retos que se nos plantean. Lo que no es natural es que llegue y se instale de forma permanente.

Pero qué hacemos para evitarlo. Pienso que vivir conscientes de lo dañino que es permanecer en ese estado, ayuda. También, tomar acciones concretas para reducirlo considerablemente. ¿Cómo? Les detallo algunas que me han funcionado:

Reconocer que vivo con demasiado estrés y que me está dañando física y emocionalmente.

Identificar cuáles son las causas de me generan estrés. Carga laboral, insatisfacción en el trabajo, demasiada atención a lo que piensan y dicen otros acerca de mi vida, problemas económicos, atención a los chismes, hacer lo que otros quieren y no lo que yo en realidad deseo, vivir en dualidad, entre un sin fin de razones.

Tomar una decisión consciente para cambiar, reducir o distanciarme de aquellas situaciones o personas que me producen estrés.

Buscar espacios en soledad y sobre todo en conexión con la naturaleza para relajarme, respirar, estirarme y eliminar tensión. Para mí no ha habido cosa más sanadora, económica y liberadora que estar en contacto con ella.

Empezando el 2013 y deseando ser más feliz, vivir más tranquila y disfrutar más de las cosas sencillas que la vida me regala, me llevaron a pensar un poco en ese acompañante, el estrés.

Suerte y Feliz inicio de Año!

Mis deseos para El Salvador en 2013

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El Salvador... de colores

El Salvador… de colores

Es bueno tener propósitos, buenos deseos para los demás y para nosotros. Al fin y al cabo pareciera que somos un mismo cuerpo en el que si una parte no funciona afecta al resto. Y por eso en este día, último del año, final de un ciclo e inicio de uno nuevo, escribo lo que deseo para este país y su gente, para toda su gente sin distinción.

Siendo un pueblo grande, en el que los prejuicios y creencias obsoletas parecieran mantenernos en el atraso deseo que los salvadoreños comprendamos de una vez por todas que:

No existen ciudadanos de primera, segunda, tercera, o quinta. Que todos somos iguales. Sólo somos seres humanos.

Las diferencias de creencias religiosas o ideologías políticas, o cualquier otro tipo de diferencia sólo son eso DIFERENCIAS; pero ni una ni otra es mejor o peor. Y las personas no deberían creerse mejores o peores por abrazar una de esas “diferencias”.

No está mal desear tener una mejor vida… la vida es acerca de buscar ser mejores cada día en infinidad de sentidos. Cada uno tiene derecho a encontrar su “mejor” ser.

Abandonar el juicio es importante para dejar de estar divididos como nación.

La ley y la libertad deben aplicarse de la misma forma para todos. La justicia no será real mientras existan individuos o grupos a los que la ley no alcance, o esta no se aplique de igual forma para todos, o el dinero y los contactos faciliten un “tipo” de justicia diferente que para el resto.

Cultivar la conciencia social (preocuparse por los demás y hacer algo para ayudarlos) es clave para alcanzar la paz que tanto anhelamos los salvadoreños. Y el compromiso personal de cada ciudadano por hacer cambios en su entorno, es importante para procurar el bienestar para las mayorías.

Dejar de esperar que un milagro o que otros solucionarán los problemas personales y de la nación, es sólo el principio para que asumamos -de forma individual y colectiva- que tenemos mucho que aportar para hacer de este un mejor país.

Sueño con que este país sea más consciente, más responsable, más educado, más justo. Y no quiero dejar de soñarlo así, porque si no lo imaginamos en positivo tampoco haremos las cosas que nos corresponden para avanzar poco a poco y en determinadas áreas prioritarias, como la educación y el acceso a la justicia. O acaso ¿creemos que es mejor caer en el abandono de la indiferencia y falta de esperanza?

¿Libros de autoayuda, semillas de cambio?

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La industria de los libros de autoayuda genera millones de dólares. Según la revista Forbes se vendieron 11 mil millones de dólares en 2008 en libros, e-books, cd´s y cursos relacionados con la autoayuda. El Informe sobre la Actividad Editorial en México 2009, de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), informó “que el volumen de este mercado representó 224,512,334 millones de pesos.”

¿Por qué venden tanto este tipo de temas? ¿Son en realidad fórmulas mágicas las que nos ofrecen libros como El Secreto, El Poder del Ahora, y una infinidad de títulos más?

Personalmente considero que los libros, del tipo que sean, siempre tienen un poder transformador en la persona que lee. Una sola pieza de información nueva puede sembrar una semilla de cambio en la mente del lector.

Eso son los libros de autoayuda para mí. Piezas de información que nos muestran caminos para la transformación. Los hay buenos, basados en estudios científicos acerca del funcionamiento de la mente y cómo podemos modificar nuestra realidad cambiando nuestras creencias más profundas; otros, fuertes motivadores para corregir problemas con las finanzas o el desarrollo laboral. También están aquellos que orientan para establecer un diagnóstico de la calidad de vida con respecto a la familia, lo personal o lo profesional.

Pero, ¿Pueden estos libros, por sí solos, transformar a sus lectores de formas rápidas y mágicas? La respuesta es: NO. Al menos es lo que creo desde la experiencia personal; la información sin acción no tienen ningún poder.

Y el poder lo tiene un individuo que inicia una búsqueda por comprenderse, que deja de culpar a otros por el estado de su vida y que toma el control de ella. El poder está en ese que lee, pero además reflexiona; y toma decisiones desde su más profundo interior. Y a pesar que los resultados tardan en manifestarse, su compromiso con el cambio permanece.

En ese viaje, los libros son acompañantes que siembran ideas para avanzar o encienden alertas que invitan a reflexionar.

De este tipo de libros los hay buenos, no tan buenos y otros realmente malos, como todo en la vida. Estos generalmente se basan en conceptos psicológicos y buscan llevar al lector a la reflexión acerca del estado de su vida interior, que es lo que al final motiva la toma de decisiones que estancan o permiten avanzar.

Si alguien cree que los libros de autoayuda le ofrecerán un secreto mágico, se llevará una enorme decepción. Si los toma como referencia y los lee con escepticismo, pero con curiosidad, sin duda algo resonara en su interior y probablemente a través de ellos siembre una pequeña semilla de cambio.

Conscientes de la niña y la mujer

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Soñar, no cuesta nada.

En el mundo del S. XXI, las mujeres todavía sufrimos discriminación, abuso psicológico, laboral y sexual, entre otros flagelos que minan nuestra naturaleza femenina. Por alguna razón, en algunos entornos, todavía existe la convicción que las mujeres valemos menos que los hombres.

Esto se refleja en muchos ámbitos de la vida de niñas y mujeres. Familiares que se “creen” con el derecho de abusarlas sexualmente o prostituirlas, utilizándolas como simples objetos de placer o de “conveniencia” económica. Hombres, en puestos de dirección, que deciden no contratar mujeres porque piensan que no serán tan “productivas”. La sociedad nos ha asignado el rol de ser prácticamente las únicas responsables de criar y educar a los hijos; por lo que trabajo y hogar son como agua y aceite, incombinables. Se pagan salarios menores con respecto a los de los hombres por el sólo hecho de ser mujeres; se ignora una opinión femenina en medio de grupos mayoritariamente masculinos; o se contratan sólo por el hecho de ser atractivas físicamente obviando la experiencia o conocimientos requeridos para un determinado puesto.

Ya no digamos esos chistes de mal gusto acerca de las mujeres; una forma cobarde para desprestigiar y minimizar lo femenino. Lo más triste de todo esto, es que muchísimas mujeres celebran junto a los hombres ese tipo de expresiones; y además permean, nutren y sustentan, en hijas e hijos, esas creencias machistas, como por ejemplo el que una mujer debe ser dulce y jamás expresar su opinión o contradecir a su padre, hermano, jefe o esposo.

Estos y otros comportamientos, suelen tener formas sutiles y pasar desapercibidos hasta por quien los sufre. Ignorarlos no hace que desaparezcan sino que cobran más fuerza en medio de la cotidianidad en la que se suceden, debilitando la estabilidad emocional, física y económica de una niña o mujer.

La escritora mexicana, Elena Poniatowka recoge en su novela biográfica sobre la pintora surrealista de origen inglés, Leonora Carrington (1917-2011) una frase de la protagonista: “Hay algo que tengo que preservar adentro, algo que si dejo que destruyan no voy a recuperar”. Expresión que me resultó un pensamiento y un sentimiento conocido.

Siempre ha existido algo dentro de mí que se ha revelado contra esas creencias limitantes; y en una sociedad como la salvadoreña, provinciana y limitada, mi necesidad por sentirme en control y en libertad me ha llevado a buscar formas concretas para hacer alguna diferencia en mi entorno y modificar esas creencias dañinas.

Las mujeres necesitamos mantener intacto eso que llevamos dentro, que es una fortaleza natural, que no debería ser tocada, ni amenazada, o vulnerada por nadie. Somos seres fuertes, capaces, inteligentes y sensibles. La tarea es seguir avanzando, pero no para ser como los hombres, sino para desarrollar nuestra propia presencia y personalidad.

Modificar esas creencias, instaladas profundamente en la psique colectiva de las personas, respecto a la feminidad y las mujeres es un proceso que todavía tomará muchos años. Pero no queda otra opción mas que aferrarnos a ese sueño y sembrar nuevas y positivas convicciones para cosechar cambios definitivos en el tiempo.

Los salvadoreños como los cangrejos…

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Recuerdan ese chiste en el que unos cangrejos japoneses permanecen tapados porque siendo tan hábiles, unidos y respetuosos, se pondrían de acuerdo y se escaparían fácilmente. Y los otros, los cangrejos salvadoreños, permanecen en una cubeta destapada y según “su dueño” no pueden hacer nada para escapar “porque cuando uno de ellos quiere ascender, el resto se encarga de derribarlo”.

Triste, pero real. Me acordé de este mal chiste porque un grupo de jóvenes, no sé si aliados por la democracia, o solo twitteros, o qué se yo cuantas etiquetas más, idearon una forma pacífica para protestar y levantar conciencia sobre la crítica situación en la que muchos políticos han colocado nuestro país.

#YoMeVistodeBlanco se llama el movimiento. Y por supuesto que las críticas y las acostumbradas formas para desvirtuar lo que otro salvadoreño hace, no se hicieron esperar. Lamentable actitud que nos tiene estancados desde siempre.

El Salvador vive atrapado en la crítica, la pasividad, el acomodamiento y el miedo. Pero ¿Cómo salir de estos vicios? no lo sé. Sin embargo, conozco a muchos de los jóvenes que están impulsando este y otros movimientos. Son reales, estudian, trabajan, tienen familia, sueños, algunos les gusta la derecha a otros la izquierda, pero esas etiquetas no los han logrado dividir porque creen en que pueden construir un mejor país. Un sueño que quizás la mayoría deseamos, pero no sabemos cómo conseguirlo.

Nos es justo que otros -que probablemente no esten haciendo nada- los ataquen, por eso creo que:

Vistámonos de blanco, es una forma de levantar conciencia, de que los jóvenes y otros salvadoreños mostremos a los políticos que no pueden hacer lo que quieren con nuestro país, no les pertenece, es nuestro y que estamos despertando y entendiendo que sus canciones y falsas promesas, más pronto que tarde, dejarán de ser efectivas.