El Fuego de Hestia: Volver a la esencia

El Fuego de Hestia: Volver a la esencia

 

 

 

fuego de hestia

Si partimos de la creencia que la evolución de la mente humana ha construido el mundo que habitamos, esperaríamos vivir como seres racionales y lógicos. Sin embargo, al mirar la “realidad” exterior pareciera que algo falló en el proceso de evolución.

Afuera, encontramos belleza y actos de amor profundo. Lamentablemente también sufrimos guerras, división, abusos, depredación del medio ambiente y violencia. Pareciera que el desarrollo de nuestro cerebro está desvinculado de una vida pacífica y en armonía como naturalmente muchos deseamos.

Adentro, en el interior de nuestras mentes y cuerpos, las circunstancias lucen similares al mundo exterior. Depresión, ansiedad y estrés son aceptados como parte de la vida moderna. Aquí cabe preguntarse: ¿Dónde inicia el desorden, en el interior o en el exterior de las personas?

Limpiar la casa interior es un ejercicio que permite volver a las relaciones y espacios externos con más recursos para gestionarlos constructivamente.

Muchos pensadores han apuntado a que la realidad interior refleja la exterior y viceversa. “Como es adentro es afuera”, “de la calidad de tus pensamientos depende tu realidad”, “sé el cambio que quieres ver en el mundo” y recientemente, la neurociencia explica cómo el cerebro y los pensamientos van construyendo la realidad percibida momento a momento.

La casa interior

Creo que la primera relación que un ser humano debería establecer y mantener, de formas amorosas y comprensivas, es con uno mismo. Es obvio que nacemos con esa conexión, pero pronto aprendemos a desconectarnos para recibir atención o desatención de quienes están llamados a protegernos y guiarnos. Y en nuestra vida de adultos, cuando deberíamos asumir la responsabilidad por los resultados que obtenemos, encontramos culpables y excusas en personas y situaciones externas.

Por mucho tiempo creí que eran mis padres, la maestra, mi pareja, o el político, los que tenían la obligación de atender mis necesidades y de organizar el mundo para que yo fuera feliz. Sin duda, que al inicio de la vida, requerimos de algunos de ellos; y dependiendo de la relación de estas figuras moldeadoras con un pequeño, resultará un adulto preparado para enfrentar la vida o una víctima de las circunstancias.

Reconocer que tenemos parte de la responsabilidad en una situación determinada, es difícil de aceptar. Crecemos creyendo que ser “bueno” es un estado permanente, que es una obligación vivir “felices” siempre, y que quien no ríe todo el tiempo es un perdedor.

Estamos llenos de conceptos. Éxito, fracaso, bondad, maldad, alegría, tristeza. Y con estas ideas solidificadas, vamos colocándonos en un cajón en el que las posibilidades de experimentar la vida desde la apertura y la flexibilidad están limitadas. Estar consciente, evaluar nuestros comportamientos, asumir la responsabilidad por nuestros actos, no son aspectos a los que se les da énfasis en nuestros años de formación.

Sin embargo, es en este espacio personal e íntimo que podemos descubrir la suma de interpretaciones y percepciones que hemos acumulado. Estos marcos de percepción tienen la intención de facilitarnos la vida. Pero cuando nos relacionamos desde ellos sin conocerlos, sin la capacidad de revisarlos y adecuarlos a los cambios que enfrentamos, y sin reconocer nuestra esencia, entramos en choques innecesarios con el mundo que habitamos.

Limpiar la casa interior es un ejercicio que nos permite volver a las relaciones y espacios externos con muchos más recursos para gestionarnos constructivamente. Considero que para ir hacia adentro son necesarios tres elementos: una intención clara para hacerlo, un compromiso que impulse a la acción; y compasión para amar y aceptar lo que ahí encontremos; y desde ahí iniciar un proceso de cambio de aquello que ya no es necesario.

La vida está llena de desafíos. Perdemos familias, amigos, trabajos, enfrentamos desastres naturales. En ese mar de cambios constantes es vital traer a la conciencia nuestra esencia, porque solo reconociendo quién somos, podremos desarrollar la capacidad para responder a esas rupturas y cierres inevitables en la vida.

Publicado originalmente en la revista Séptimo Sentido de La Prensa Gráfica

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