Lecciones de una emprendedora de corazón

Lecciones de una emprendedora de corazón

2019 marca mi octavo año como emprendedora. Siento que ha sido una carrera maratónica en la que he probado de lo que estoy realmente hecha. A las mujeres nos cuesta reconocernos. Sentimos que tenemos la obligación de hacerlo todo bien, que debemos hacer más para demostrar que nos hemos ganado lo que tenemos, ya sea una posición en una corporación o en un negocio independiente, incluso creemos que debemos probar nuestro valor sacrificándonos por otros en la familia.

A mí me tomó varios años reconocer lo que soy, mi valor como persona y como profesional y experimentar orgullo por mi camino. Busqué por mucho tiempo validación de otros. Hablaba con Raymundo y medio mundo para recoger palabras de aliento, ideas, entusiasmo, en fin, validación para quien yo era.

Reconocer mi camino

Me costó reconocer que a la única persona a la que deberían interesarle mis ideas era a mí. Porque eran nuevas, diferentes y porque nunca se habían hecho como las visualizaba. No es que sea la única que piensa similar, pero aún somos pocos los que creemos que es internamente a donde se encuentra el poder real y desde donde debe iniciar la comunicación. 

Quiero compartirte las lecciones fundamentales que, una vez las entendí, me permitieron avanzar decididamente para alinear lo que hago como profesional con mi propósito de vida, es decir mi deseo por contribuir.

Emprendedora de corazón

  1. CREER con todo mi corazón, mi mente y mi cuerpo en mi idea, sueño o proyecto. Una vez dejé de buscar validación externa descubrí toda la energía que necesitaba para avanzar y sobre todo para enfrentar los desafíos (operativos, administrativos, económicos y de otros recursos) que surgen en cualquier emprendimiento. También para poner límites a cuanta persona llegaba con «nuevas ideas o recomendaciones» sin ni siquiera haberse tomado el tiempo ni el interés por conocer de qué se trataba mi negocio, quién es mi Cliente Ideal (ICA – Ideal Customer Avatar), ni si tenía un plan de negocios, etc. etc. etc.
  2. ENTENDER cuáles son mis fortalezas principales. Es decir ¿Cuál es mi esencia? no lo que hago sino el VALOR que agrego a las personas que confían en mis servicios y en mi propuesta. Una vez más este entendimiento agregó mayor y mejor energía a mi vida y por ende a mi negocio.
  3. CLARIDAD acerca de cuáles expertos requiero ayuda. En mi caso aún necesito el apoyo de expertos en la administración así como en la separación saludable entre mis finanzas personales y las de mi negocio. Además, también necesito apoyo en el tema digital. Para escoger a un proveedor lo examino «hasta las pulgas». Busco a los mejores -que no necesariamente son los más caros-. Busco a pocos, pero buenos.
  4. DECISIÓN y enfoque. Llevo un largo camino profundizando, viviendo la experiencia, accionando y estoy clarísima de para dónde me dirijo, en qué soy buena y cómo puedo contribuir a mis clientes. Esto me permite avanzar con un objetivo en mente, y en una ruta clara. Y eso no significa que no me voy a equivocar. Por supuesto que me equivocaré. Es parte del proceso de crecimiento. Lo acepto. Además sé que los errores solo son retroalimentación y experiencia para saber qué es lo que no haré la próxima vez que lo intente.
  5. ACCIÓN. Avanzo paso a paso y soy compasiva con mi propio proceso.

 

Desde hace algún tiempo amanezco cada día sintiendo cosquillas en mi corazón.

Sé que es mi energía diciéndome «este es el camino correcto…».

Y la pregunta que dirige mis días es: 

¿Cuál es la acción que puedo hacer hoy que me acercará más a mi objetivo?

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario