Libertad interior

Libertad interior

Libertad es mi palabra favorita. También es el valor más alto a través del cual procuro vivir mi vida, para elegir y no sentirme encasillada en ideas preconcebidas. Y sobre todo para definir mi ruta de vida.

Libertad es una palabra hermosa, grande e imponente. Y como todos los conceptos inspiradores resulta complejo comprender su verdadera esencia, sus alcances y también sus limitaciones. Podemos llegar a excesos por defender este ideal. En extremo, la libertad puede ser avasalladora, pero su ausencia puede matar al alma.

Sentí necesidad de experimentar libertad en la medida que crecía y me daba cuenta que el libreto que me habían asignado no era suficiente, más bien limitaba y asfixiaba mi naturaleza. Porque mi identidad había sido definida por mi actividad profesional.

La decisión de emprender un negocio la tomé, principalmente, para desatar cadenas que me mantenían únicamente trabajando, olvidándome de mí misma y de mis relaciones más cercanas, más importantes, y más duraderas. Necesitaba experimentar control sobre mi vida, probar mis propias reglas y sobre todo garantizar suficiente espacio para explorarme y conectarme de nuevo con mi esencia.

La exploración personal había iniciado años atrás, pero descubrí que cuando ponía el tiempo a mi favor mi verdadera naturaleza surgía mostrando intereses y pasiones que me inspiraban. Empecé a vibrar con una nueva armonía en mi vida.

La libertad y yo nos enamoramos. Pero como todo buen enamoramiento llega a sus etapas de crisis y pronto me puso a prueba. Tenía que demostrar mi capacidad de ser y de ofrecer libertad.

Características

En las pruebas descubrí que algunos componentes debían acompañar a la libertad, aunque lucieran, en principio, contradictorios. Porque sin estas características ella se quedaba vacía.

Libertad y responsabilidad van de la mano. Ser libre no es hacer lo que a mí me dé la gana, sino reconocer que para serlo verdaderamente debo asumir los resultados de mis acciones y decisiones.

La libertad para ganar aire y espacio necesita límites. Estos se manifiestan perfectamente en la vida en comunidad, en sociedad o en pareja, en donde por el bienestar de las relaciones se debe pedir y ofrecer respeto, y garantizar autonomía para quienes habitan ese espacio en común.

La libertad solo es real cuando la pueden ejercer todos independientemente de los impactos que su práctica tenga en otros. Libertad solo es libertad si el derecho a decidir de los demás se respeta; si mis ideas conviven con las ideas del resto, aunque choquen de frente. Reconocer y aceptar el malestar que genera el conflicto, solo facilita el rompimiento de esquemas inútiles y los puntos de quiebre son necesarios para alcanzar mayores cuotas de libertad.

Para garantizarla a veces se deben tomar decisiones difíciles, apartarse en momentos determinados, entender que algunos seguirán su propio camino porque no aceptarán vivir de acuerdo a mis ideas. Y este ejercicio de aceptación es profundamente liberador.

No puedo pretender ser libre si no estoy dispuesta a garantizar lo mismo a los demás. Y esta búsqueda no es fácil, quizás jamás la alcance completamente, pero es un ideal al que aspiro y que me ofrece energía para continuar en el camino.

El símbolo

En 2017, Libertad es mi palabra de vida. Esa que define y que dirige mis decisiones. La bandera que me acompaña y ondea cada vez que surgen dudas o enfrento encrucijadas. Por eso cuando no sepa cuál rumbo debo tomar me haré la siguiente pregunta: En esto, ¿Cómo puedo ser más libre?

Libre respetándome y respetando a otros, libre tomando mis decisiones, siguiendo la ruta que he definido para mi vida, pero siendo responsable por el impacto de mis acciones en otros, sobre todo en aquellos que están cerca de mí.

Publicado originalmente en la revista Séptimo Sentido de La Prensa Gráfica

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