El cuerpo habla

Siempre he tenido muy buena salud, con excepción de algunos momentos de enfermedad,  me recuerdo siempre sana. Con los años y tomando mayor conciencia creo que a este cuerpo que habito le debo respeto y cuidado. Realmente estoy agradecida con Dios por haberme dado un vehículo tan perfecto y hermoso para circular por este mundo.

Muchos líderes espirituales explican que cuando las personas aceptamos que somos seres espirituales viviendo experiencias físicas, nos resulta fácil comprender que estamos aquí por alguna razón superior y que debemos respetar esta forma en la que nos ha tocado vivir esta experiencia llamada vida.

Aprender a “escuchar” al cuerpo es una práctica que ha tomado auge en los últimos años. Los psicólogos explican que la mente construye imágenes o conceptos que se transforman en emociones para expresarse por medio del cuerpo en sensaciones físicas. El ejemplo más común es el estrés. Una persona primero piensa que todos los perros son agresivos, luego al estar cerca de uno, tiene una emoción de miedo que termina produciéndole sensaciones físicas que son la respuesta a ese temor: temblor, sudoración y en algunos casos deseos de correr al estar cerca de un perro.

El estrés es la respuesta de nuestros sentidos para prepararnos y responder adecuadamente a situaciones de peligro o que requieren un esfuerzo extra. Pero si una persona vive de forma permanente pensando, sintiendo y teniendo respuestas físicas al estrés que le produce sentirse todo el tiempo en peligro, ese estado prolongado desgasta al cuerpo.

Creemos que el cuerpo, al igual que la tierra, es una fuente de energía inagotable, y que no hay que hacer nada para cuidarlo, alimentarlo, fortalecerlo y devolverle la energía que nos provee para operar en nuestras vidas.

Pues ni el cuerpo, ni la tierra, poseen recursos ilimitados. Y es nuestra responsabilidad atender a este vehículo. Alimentarlo y cuidarlo adecuadamente, es una forma de querernos y dice mucho acerca de nuestro estado mental y emocional.

Además de alimentarlo y cuidarlo, también ayuda a mantenernos en equilibrio una respiración adecuada, meditar o tener momentos en soledad y silencio que nos permitan reconectarnos con nuestro cuerpo, escucharlo e identificar a qué está respondiendo con esas sensaciones físicas de ansiedad, dolor de estómago, de cabeza, o con enfermedades permanentes, todas ellas tratando de comunicar que algo no está bien.

El equilibrio de un ser humano se da cuando sus valores están alineados con sus pensamientos, sentimientos y actuaciones. Es decir cuando vivimos en coherencia. Una señal clara de que estamos viviendo equilibradamente  nos la da el cuerpo al sentirse cómodo en una determinada situación.

La próxima vez que tengas una decisión difícil que tomar, siéntate, respira profundamente al menos tres veces, cálmate, quédate en silencio unos minutos y siente las sensaciones de tu cuerpo con respecto a ese tema específico, te asombrarás de todo lo que él te dirá.

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