Erase una vez…

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Una niña con un hermoso sueño de encontrar un príncipe y ser felices juntos todos los días de su vida. Pero una mañana despertó y descubrió que el sueño y el príncipe no existían más. Y en su lugar apareció una luminosa joya que se convirtió en su refugio.

La cuidó como un tesoro por años y esta a cambio le ofreció protección, haciéndola sentir que no tendría que preocuparse por el futuro si permanecía a su lado siempre.

El tiempo corrió, la niña creció fuerte y tenía deseos de volar y conocer. Pero aquella joya, que antes le ofrecía tanta seguridad ahora se había convertido en una especie de grillete, que la obligaba a dejar de lado todos sus sueños. Creía que tenía que cuidarla y volar, dejándola atrás, no era algo que pudiera permitirse.

Durante años disfrutó caminando a través de un bosque de árboles de bambú, recibiendo energía de la naturaleza y del sol. Pero tenía dudas, es como si existieran dos voces dentro de ella. Una, que le exigía ser responsable y cuidar de su tesoro todo el tiempo y otra, que reclamaba buscar otros horizontes.

Un día, de tanto pensar y conversar con ángeles que la acompañaban por el bosque, comprendió que ese objeto la mantenía atada a una tradición que le indicaba continuar por el camino andado. Sin embargo, en el fondo de su corazón, sabía que lo más importante era confiar y atreverse a tomar sus propias decisiones.

En medio de esos árboles y en silencio llegó el momento en el que, desde dentro de ella, surgieron todas las respuestas y las palabras fueron: atrévete a dar un paso adelante, confía en que la decisión es tuya y será lo correcto para ti, este día es el momento preciso para dejar ir lo que ya no te sirve.

Y así inició un viaje corto de desprendimiento. Una vez tomada la decisión, la rueda de la vida giró fuertemente y lo que tenía que suceder para desprenderse de la duda, la incertidumbre y las costumbres paralizantes, se materializó. Nadie lo avaló, porque nadie lo supo, pero su corazón y su ser entero experimentaron seguridad y sobre todo libertad. Fue así como comprendió que había tomado la mejor decisión.

Y al final de este viaje, que también era el inicio de una nueva aventura, ella susurró…  La libertad no se posee, sólo se siente… y a partir de ese día y lentamente sus sueños empezaron a cumplirse…

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