Conscientes de la niña y la mujer

Soñar, no cuesta nada.

En el mundo del S. XXI, las mujeres todavía sufrimos discriminación, abuso psicológico, laboral y sexual, entre otros flagelos que minan nuestra naturaleza femenina. Por alguna razón, en algunos entornos, todavía existe la convicción que las mujeres valemos menos que los hombres.

Esto se refleja en muchos ámbitos de la vida de niñas y mujeres. Familiares que se “creen” con el derecho de abusarlas sexualmente o prostituirlas, utilizándolas como simples objetos de placer o de “conveniencia” económica. Hombres, en puestos de dirección, que deciden no contratar mujeres porque piensan que no serán tan “productivas”. La sociedad nos ha asignado el rol de ser prácticamente las únicas responsables de criar y educar a los hijos; por lo que trabajo y hogar son como agua y aceite, incombinables. Se pagan salarios menores con respecto a los de los hombres por el sólo hecho de ser mujeres; se ignora una opinión femenina en medio de grupos mayoritariamente masculinos; o se contratan sólo por el hecho de ser atractivas físicamente obviando la experiencia o conocimientos requeridos para un determinado puesto.

Ya no digamos esos chistes de mal gusto acerca de las mujeres; una forma cobarde para desprestigiar y minimizar lo femenino. Lo más triste de todo esto, es que muchísimas mujeres celebran junto a los hombres ese tipo de expresiones; y además permean, nutren y sustentan, en hijas e hijos, esas creencias machistas, como por ejemplo el que una mujer debe ser dulce y jamás expresar su opinión o contradecir a su padre, hermano, jefe o esposo.

Estos y otros comportamientos, suelen tener formas sutiles y pasar desapercibidos hasta por quien los sufre. Ignorarlos no hace que desaparezcan sino que cobran más fuerza en medio de la cotidianidad en la que se suceden, debilitando la estabilidad emocional, física y económica de una niña o mujer.

La escritora mexicana, Elena Poniatowka recoge en su novela biográfica sobre la pintora surrealista de origen inglés, Leonora Carrington (1917-2011) una frase de la protagonista: “Hay algo que tengo que preservar adentro, algo que si dejo que destruyan no voy a recuperar”. Expresión que me resultó un pensamiento y un sentimiento conocido.

Siempre ha existido algo dentro de mí que se ha revelado contra esas creencias limitantes; y en una sociedad como la salvadoreña, provinciana y limitada, mi necesidad por sentirme en control y en libertad me ha llevado a buscar formas concretas para hacer alguna diferencia en mi entorno y modificar esas creencias dañinas.

Las mujeres necesitamos mantener intacto eso que llevamos dentro, que es una fortaleza natural, que no debería ser tocada, ni amenazada, o vulnerada por nadie. Somos seres fuertes, capaces, inteligentes y sensibles. La tarea es seguir avanzando, pero no para ser como los hombres, sino para desarrollar nuestra propia presencia y personalidad.

Modificar esas creencias, instaladas profundamente en la psique colectiva de las personas, respecto a la feminidad y las mujeres es un proceso que todavía tomará muchos años. Pero no queda otra opción mas que aferrarnos a ese sueño y sembrar nuevas y positivas convicciones para cosechar cambios definitivos en el tiempo.

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