El viaje del héroe y la búsqueda interior

Finalicé uno de los libros más fascinantes que he leído en los últimos años: “El Héroe de las mil caras, psicoanálisis del mito” de Joseph Campbell, donde el autor hace un recorrido milenario por muchas culturas a través de las cuales se acerca a los mitos y al viaje del héroe. Ambos –mito y héroe– han sido fundamentales en la construcción de la historia de la humanidad y son parte integral de cada individuo.

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Según Campbell el mito es creado por el individuo debido a su necesidad de comprender y conectarse con el cosmos, ese universo incomprensible que habita. Los mitos, junto a todos sus símbolos, fueron y son necesarios para el buen funcionamiento de la psique humana y para integrar ese cosmos y la realidad concreta del individuo.

Sin embargo, es debido a la supremacía de la razón, los avances tecnológicos y la modernidad, que se rompe la conexión entre la razón y el inconsciente; este último responsable en un buen porcentaje de la salud mental, emocional y de la toma de decisiones en cada persona. Y es esa ruptura la que provoca la neurosis colectiva que presenciamos en el mundo de hoy.

“Siempre ha sido función primaria de la mitología y del rito suplir los símbolos que hacen avanzar el espíritu humano, a fin de contrarrestar aquellas otras fantasías humanas constantes que tienden a atarlo al pasado. De hecho el porcentaje tan alto de neuróticos entre nosotros se debe a que nos negamos a recibir esa efectiva ayuda espiritual. Permanecemos aferrados a las imágenes no conjuradas de nuestra infancia y por ello poco dispuestos a pasar las etapas necesarias de nuestra edad adulta.”

El autor plantea que el héroe se construye a través de un viaje en donde el mito y el individuo se conectan permitiendo una experiencia terrenal vinculada a lo espiritual. Este viaje tiene similitudes independientemente de la raza, cultura o sociedad en la que se exprese y se manifiesta, según Campbell, en los siguientes pasos:

  1. Llamada a la aventura.
  2. Ayuda externa para iniciar la aventura.
  3. Pruebas que el héroe deberá atravesar en la zona oscura.
  4. Nuevas ayudas, todavía más poderosas.
  5. Prueba final, en donde la lección más importante del viaje habrá de ser aprendida o rechazada.
  6. Retorno con las lecciones que servirán para la vida o para contribuir con la comunidad.

Campbell se apoya en los trabajos de psicoanálisis de Freud y Jung; y explica cómo el viaje del héroe está íntimamente relacionado con cada individuo:

“El primer paso, separación o retirada, consiste en una radical transferencia de énfasis del mundo externo al interno, del macro al microcosmos, un retirarse de las desesperaciones de la tierra perdida a la paz del reino eterno que existe en nuestro interior. Pero este reino, como lo conocemos por el psicoanálisis, es precisamente el inconsciente infantil. Es el reino que penetramos en los sueños. Lo llevamos dentro de nosotros eternamente. Todos los ogros y los ayudantes secretos de nuestra primera infancia están allí, toda la magia de la niñez. Y lo que es más importante, todas las potencialidades vitales que nunca pudimos traer a la realización de adultos…”

La humanidad siempre ha estado dividida entre dos mundos, el divino y el humano; lo intangible y lo concreto. Campbell expone cómo el héroe debe aventurarse lejos de la tierra que conoce para internarse en la oscuridad y realizar ahí su aventura. Y dice que la clave para comprender el mito y sus símbolos pasa por aceptar que:

“…los dos reinados son en realidad uno. El reino de los dioses es una dimensión olvidada del mundo que conocemos. Y la exploración de esa dimensión… encierra todo el sentido de la hazaña del héroe.”

Campbell escribió este libro en 1949, pero sus conclusiones mantienen vigencia en nuestros tiempos. Al cierre de su obra, el autor, declara que la plenitud del hombre/mujer se encuentra en:

“…en el cuerpo de la sociedad como un todo… si pretende aislarse, ya sea en hechos, pensamientos o sentimientos, solo logra romper las relaciones con las fuentes de su existencia”.

Pero a pesar de que la plenitud se encuentra en el todo, Campbell hace una invitación a cada individuo para que se conecte con sus profundidades personales, en las que encontrará el significado de su propio viaje:

“No es la sociedad la que habrá de guiar y salvar al héroe creador, sino todo lo contrario. Y así, cada uno de nosotros comparte la prueba suprema – lleva la cruz del redentor-; no en los brillantes momentos de las grandes victorias de su tribu, sino en los silencios de su desesperación personal.”

Este último pasaje de su obra llena mis espacios mentales y emocionales. Hoy que vivimos momentos complejos, violentos y destructivos provocados por nosotros mismos,  salta una pregunta: ¿Cómo contribuir con la paz, con el bienestar de esta sociedad, del mundo, desde mi pequeña y breve realidad? Y solo escucho una respuesta: Desde el interior, asumiendo mi naturaleza dual, conflictiva, imperfecta, desde mi conciencia y con responsabilidad por lo que siento y pienso, por lo que lanzo al mundo, mi pequeño mundo.

En un momento en donde el coro generalizado es actúa, pronúnciate, grita, participa, ve hacia fuera, no hay tiempo, el mundo se acaba, el ser humano lo destruye… en esa vorágine de actividad solo encuentro desesperación. Sin embargo, mi mente, mi cuerpo y  mis emociones piden calma, llaman a reflexionar, a estar atenta, a buscar paz, a descubrir el silencio, a estar.

Y encuentro a Campbell que en 1949 delineó un camino para conectar nuevamente al hombre con su esencia y esta ruta resuena tanto hoy. El universo es expansión y sobre todo es caos, el mundo es parte del universo, y somos parte de este cosmos. No podemos detener la expansión, pero desde este espacio debemos elevar nuestra energía.

Y en esa vorágine que es el mundo hiper conectado, hiper activo, hiper neurótico, decido apartarme de la corriente. Quiero abrir mis alas de una forma diferente. No quiero gritar, sino viajar hacia adentro. En busca de mi laberinto personal. Ahí siento, pienso y creo que encontraré las respuestas. No es con esta modernidad. Aunque viva en ella.

Es mi consciencia la que me señala que el camino es en el colectivo, pero de uno en uno. Mi búsqueda de reconciliación conmigo misma permite la reconciliación con los demás. El flujo natural es en paz y en silencio; con sanación y reconciliación personal. Desde ahí, desde ese centro, encontraré la ruta del retorno.

 

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