El Fuego de Hestia: Las pautas del poder personal

 

(Publicado originalmente en la Revista Séptimo Sentido de La Prensa Gráfica)

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Este día inicio mi columna “El Fuego de Hestia”, un espacio en el que plantearé experiencias e ideas acerca de cómo, desde mi visión, se puede alcanzar poder personal. Tema relevante en un país en el que cada vez es más difícil confiar en las instituciones tradicionales de cualquier tipo, por lo que se vuelve vital asumir la responsabilidad por mi propia vida y por la contribución que como ciudadano entrego a esta realidad que vivimos.

¿Por qué El Fuego de Hestia? Hestia fue la diosa griega del hogar y de los templos, ha sido la menos conocida de los dioses del Olimpo. En la antigüedad su presencia era experimentada a través del fuego colocado al centro de un hogar o de un templo, nunca tuvo forma humana.

Jean Shinoda Bolen, médico y analista junguiana, escribió el libro “Las Diosas de Cada Mujer”, en el que plantea que las mujeres apreciamos diferentes aspectos de la vida dependiendo de si vivimos uno o más arquetipos de las diosas griegas. Su libro busca exponer, a través de las características de esas figuras, patrones internos que dirigen nuestras vidas sin que seamos, muchas veces, conscientes de ello.

Hestia es mi arquetipo favorito, porque hace referencia a la necesidad de mantener el fuego interior que facilite mirar hacia adentro y sentir de manera intuitiva lo que sucede en mí y a mi alrededor.

El mundo vive en caos, o los humanos lo hemos colocado en ese espacio y, además, lo alimentamos con el parloteo y la superficialidad que nos mantienen distraídos de lo fundamental. Para contribuir de formas efectivas, considero básico, intuitivo, volver a la esencia personal. Encontrar en esos espacios interiores la lealtad a uno mismo y desde esa luz diseñar una persona que tenga la capacidad de practicar su poder personal para gestionarse a sí misma y para poder estar en relación saludable con su entorno.

Los acompañantes en ese camino hacia el interior son el autoconocimiento, la autogestión y la libertad que queda del proceso. Y es precisamente con estos elementos donde el arquetipo de Hestia y yo, nos encontramos.

Hestia tiene un método que facilita el viaje hacia el interior y según la analista junguiana, se trata de “entrar en contacto con nuestros valores poniendo bajo el foco lo que tiene significado desde el punto de vista personal…” descubriendo así “la esencia de una situación.” Para mí, esto es el autoconocimiento.

Esta diosa es un arquetipo “de conexión con el centro interno… la referencia que permite a una mujer estar afianzada en medio del caos externo…” y en medio de ese caos cultivar el entendimiento de nuestras luces y sombras; y decidir, activamente, los roles que se juegan y también los que se abandonan, estableciendo límites personales, a situaciones, y a otras personas. Gestionarse es vivir y relacionarse con uno mismo y con los demás de formas saludables mental, física y emocionalmente.

Pero, ¿Qué se busca dedicando tanto tiempo al conocimiento y la comprensión de uno mismo? Personalmente he encontrado, en este viaje hacia adentro, mi más alto valor de vida, la libertad interior, la posibilidad de elegir quién soy, y de definirme a mí misma.

Libertad interior se traduce en poder personal. Es alimentar ese fuego profundo que al igual que Hestia invita para que “una mujer no esté “apegada” a la gente, los resultados, las posesiones, el prestigio o el poder, sino que “se sienta completa tal como es.”

 

 

 

 

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