Antirracismo y liderazgo femenino

Antirracismo y liderazgo femenino

El cambio personal toma tiempo y toma más tiempo si este es activado por lo que sucede afuera y no por lo que sucede en el interior, desde los auténticos deseos y propósitos establecidos a voluntad por una persona.

Cambiar una sociedad es todavía más complejo porque en ese proceso, de evolución e involución, se entrecruzan los intereses de todo tipo, las ideas y creencias de las personas y de las épocas, y los traumas personales y colectivos, que la epigenética nos ha demostrado que se trasladan de generación en generación.

Crisis social

Recientemente, hemos sido testigos de la crisis social que viven los estadounidenses debido al racismo presente en ese país desde su fundación. Por siglos, ese sistema de creencias en la vida cultural, política y económica ha provocado, en dicha sociedad, la marginación de afroamericanos, latinos y otros grupos étnicos que no “caben” en el modelo de supremacía blanca o en su “destino manifiesto”, que dicta que esa nación tiene por predestinación, casi divina, “dirigir y cuidar” a la humanidad; una humanidad que no está compuesta por todos, sino solo por  aquellos que, según sus estándares, son “dignos” de pertenecer.

La confrontación sobre el antirracismo que se está desarrollando entre líderes negras y blancas en los Estados Unidos tendrá impacto en la cultura antirracista del mundo entero; ya que muchas mujeres blancas han aceptado finalmente la necesidad de cambiar el sistema de creencias a nivel personal para modificar al sistema en lo externo.

 

El cambio es femenino

El mundo empresarial y digital de los Estados Unidos cuenta con numerosas mujeres blancas que dirigen imperios económicos de educación en línea. Líderes reconocidas como Marie Forleo, Amy Porterfield, Broke Castillo y Kate Northrup, entre otras, que administran comunidades de cientos de miles de mujeres entre las que se encuentran clientas negras. En los últimos días, estas confrontaron a las primeras, demandando de ellas una postura antirracista frente a la violencia y a los asesinatos de varias personas negras sucedidos recientemente y emplazándolas a pasar del discurso políticamente correcto a la confrontación de su propio racismo internalizado. Algo que se manifiesta en sus comportamientos y políticas empresariales, los cuales perpetúan la supremacía blanca, como, por ejemplo, la falta de espacios en sus canales de comunicación para expresiones de mujeres de diferentes grupos étnicos.

Este proceso, una vez más, está siendo dirigido por mujeres, y de él sacaremos lecciones que impactarán en los estilos de liderazgo femeninos y también en los masculinos, a través de nuevas formas de pensar, actuar y dictar transformaciones sociales y empresariales que aceleren y afiancen el cambio.

Cambios internos para expresarlos en lo externo

La discusión que se está desarrollando en Estados Unidos nos importa a los salvadoreños porque, además de ser el nuestro un país claramente racista, la confrontación personal a la que están siendo empujados los liderazgos blancos tendrá impacto en la cultura antirracista del mundo entero; ya que muchos de ellos han aceptado finalmente la necesidad de cambiar el sistema de creencias a nivel personal para modificar al sistema en lo externo.

También, es importante entender de qué está conformado el racismo y qué significa ser antirracista, porque la marginación que sufren en El Salvador amplios grupos de la sociedad se ha alimentado de ese sistema de creencias y prácticas sociales y económicas. Para verlo solo hace falta profundizar en la historia nacional para descubrir un velado sistema de esclavitud al que han sido sometidos millones de salvadoreños pobres o indígenas a través de los siglos.

Cambiar una sociedad es complejo porque en ese proceso interminable, de evolución e involución, se entrecruzan los intereses de todo tipo, las ideas y creencias de las personas y de las épocas, y los traumas personales y colectivos.

 

Con todo, es de hacer notar que el cambio en lo externo y la confrontación personal e íntima van de la mano y son procesos que no terminan jamás. Porque la injusticia, el abuso, la inequidad, el racismo y la corrupción están profundamente enraizados en la forma en cómo vivimos, y para cambiar sostenidamente la realidad externa necesitamos entender cómo las decisiones de nuestros antepasados y las nuestras han contribuido y todavía contribuyen a alimentar el estado de injusticia e inequidad de las cosas.

Este artículo fue publicado originalmente en la Revista Séptimo Sentido de La Prensa Gráfica.

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