Comunicación en tiempos de virus

Comunicación en tiempos de virus

Comunicarse es conversar. Cuando lo hacemos conscientemente conseguimos reducir el estrés, el propio y el de nuestro interlocutor, porque enviamos señales al sistema nervioso de que en ese momento todo fluye.

Cuando conversamos conscientemente y con intención podemos traer al centro los temores y las ansiedades, las preocupaciones y el dolor conectándonos completamente con el otro y, sin darnos cuenta, estamos sanando en el proceso.

La comunicación siempre es importante, pero en momentos de crisis se vuelve aún más relevante. Hacerlo con claridad y constantemente es un ejercicio saludable en las familias, las organizaciones y las comunidades.

Respirar conscientemente, caminar, estirar el cuerpo, escuchar al cuerpo, ordenar de adentro hacia afuera o de afuera hacia adentro, limpiar, escribir y sobre todo aprender a soltar y a perdonarnos porque nos equivocaremos en este proceso, pero de eso también aprenderemos.

El Covid-19 todavía es una incertidumbre global. Hay tanta información y desinformación circulando que estamos experimentando ansiedad, miedo, desconsuelo, enojo, incertidumbre y de ahí hacia la depresión, los ataques de pánico y los exabruptos de violencia, solo hay unos cuantos pasos.

Además, la cuarentena, a los viajeros y a las familias, en un país en el que carecemos de viviendas dignas y espacios en contacto con la naturaleza generará un hacinamiento peligroso para la salud emocional, mental y física.

Límites claros

Por eso la comunicación se vuelve fundamental para que en las familias se expresen con claridad los límites en el uso de la música ruidosa, de la televisión y las noticias, así como del alcohol y otros elementos que solo nos disocian de la realidad, pero que no contribuyen a resolver nada.

Hay pocas certidumbres y es en esos momentos en donde se requiere mayor flexibilidad para permanecer en la incomodidad y el miedo.

Necesitamos establecer límites, con nosotros mismos y con los demás, para obtener, aunque sea pocos momentos de soledad en los que podamos recuperar energía. También es importante cultivar, en compañía de las personas con las que vivimos o estamos pasando el #QuedateEnCasa, conversaciones acerca de lo que nos preocupa y airear los sentimientos y las emociones para expresar transparentemente los miedos.

Escucha activa

Escuchar para ser escuchados. Respetar para ser respetados. Escucharnos primero a nosotros mismos para saber cuando callar y apartarnos porque estamos a punto de desbordarnos, y guardar silencio y tener paciencia cuando sea otro el que está a punto de desbordarse.

Buscar actividades y entretenimiento saludables, que no inciten a la violencia ni a la haraganería, sino más bien que estimulen las actividades compartidas y el uso responsable de nuestros derechos y deberes.

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Es el momento de que nos volvamos creativos. Todos contamos con esa habilidad de crear, es nato en el humano. Es momento de ser responsables con la energía que generamos para nosotros y para nuestras comunidades. Debemos cuidarnos y cuidar nuestras palabras, nuestros sentimientos y pensamientos. Sabemos que es en tiempos de crisis en donde las mejores características de los humanos surgen. Lo hemos experimentado durante muchas emergencias y desastres que hemos sobrevivido.

Fluir con el cuerpo

Es tiempo de permanecer tranquilos y descubrir esas habilidades que están en nosotros y que se manifiestan naturalmente si logramos calmarnos, guardar silencio, sentir nuestros cuerpos y fluir con ellos.

Respirar conscientemente, caminar, estirar el cuerpo, escuchar al cuerpo, ordenar de adentro hacia afuera o de afuera hacia adentro, limpiar, escribir y sobre todo aprender a soltar y a perdonarnos porque nos equivocaremos en este proceso, y de eso también aprenderemos.

Nos encontramos en un período que nos invita a soltar. Hay pocas certidumbres y es en esos momentos en donde se requiere mayor flexibilidad para permanecer en la incomodidad y el miedo. Es un fluir incierto y en la medida que lo aceptamos abrazamos la resiliencia, esa capacidad para afrontar la adversidad y levantarnos de ella.

Ojalá esto pase pronto y que el tiempo transcurrido nos permita recoger todas las lecciones que podamos. Que esta incertidumbre colectiva nos muestre, de una vez por todas, lo vulnerable que somos, lo mucho que nos necesitamos los unos a los otros y lo importante que es la comunidad.

Este artículo fue publicado en la Revista Séptimo Sentido de La Prensa Gráfica y puede leerse aquí.

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