“…en estos diez años en que he acompañado a tantas madres y padres en un tramo de su andar por la vida he constatado muchas veces que hay una “parte oculta” en la relación padres-hijos, conformada por una variedad de facetas de la vida de los padres, proyectadas de manera inconsciente en la vida de sus hijos, proyecciones que se desconocen y se niegan, porque descubrirlas a veces asusta y casi siempre avergüenza.” Del Libro Tu hijo, tu espejo de Martha Alicia Sánchez
Me preocupa el estado de la familia salvadoreña. Escucho a padres y madres; abuelos y tíos decir que “x” niño o niña es “problemático” en casa o en la escuela. Como refiriéndose a “un niño o niña” ajeno a la “familia”. Como si desconocieran por qué un miembro de ese grupo presenta “problemas” que aparentemente no padece el resto de miembros.
En mi terapia psicológica, he aprendido que el grupo familiar es un sistema que opera interconectado; y donde las historias personales de papá y mamá se juntan y se hacen presentes para crear e influir claramente en el estado emocional, físico y psicológico del nuevo grupo familiar.
Por eso me parece dramático cuando se pretende excluir al miembro “problemático” del resto del grupo, como si este emproblemado no fuera un síntoma manifiesto de que algo no está funcionando bien con él o ella; pero sobre todo con el sistema familiar en su conjunto.
Es como si creyéramos que los jóvenes que pertenecen a las maras, son una generación que brotó espontáneamente y sin razón alguna; e ignoráramos el hecho de que estos grupos son el símbolo manifiesto de la descomposición social y familiar, y de esa cultura de autoritarismo que ha caracterizado, por siglos, a la sociedad entera, y que nos ha sumido en prácticas violentas y abusadoras de aquellos que se creen superiores o con derechos “especiales” sobre otros con poca o nula capacidad para protegerse.
Cada una de nuestras familias representa alguna forma presente y activa en la sociedad salvadoreña. Y la característica de una familia sana, es precisamente la de buscar ayuda –en grupo– cuando uno de sus miembros aparentemente está enfermo. No es aislando al problemático como se resolverá el problema. No es aparentando que nada sucede o dándole la espalda como se desvanecerá una situación difícil. Es enfrentándola con valor y sobre todo brindando amor a ese individuo que manifiesta, a través de su enfermedad o su conflicto, que algo no está caminando saludablemente en el entorno familiar.
Y como dice la autora del libro “Tu hijo, tu espejo”: ”Vivimos en un mundo con muchos problemas y en el fondo de ellos hay una enorme carencia de amor. Si quieres aportar algo trascendente a la sociedad y al mundo en el que vives, ofréceles hijos amados, inmensamente amados, porque estarás ofreciendo personas honestas, productivas, buenas y felices.”















