El Fuego de Hestia: Las pautas del poder personal

 

(Publicado originalmente en la Revista Séptimo Sentido de La Prensa Gráfica)

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Este día inicio mi columna “El Fuego de Hestia”, un espacio en el que plantearé experiencias e ideas acerca de cómo, desde mi visión, se puede alcanzar poder personal. Tema relevante en un país en el que cada vez es más difícil confiar en las instituciones tradicionales de cualquier tipo, por lo que se vuelve vital asumir la responsabilidad por mi propia vida y por la contribución que como ciudadano entrego a esta realidad que vivimos.

¿Por qué El Fuego de Hestia? Hestia fue la diosa griega del hogar y de los templos, ha sido la menos conocida de los dioses del Olimpo. En la antigüedad su presencia era experimentada a través del fuego colocado al centro de un hogar o de un templo, nunca tuvo forma humana.

Jean Shinoda Bolen, médico y analista junguiana, escribió el libro “Las Diosas de Cada Mujer”, en el que plantea que las mujeres apreciamos diferentes aspectos de la vida dependiendo de si vivimos uno o más arquetipos de las diosas griegas. Su libro busca exponer, a través de las características de esas figuras, patrones internos que dirigen nuestras vidas sin que seamos, muchas veces, conscientes de ello.

Hestia es mi arquetipo favorito, porque hace referencia a la necesidad de mantener el fuego interior que facilite mirar hacia adentro y sentir de manera intuitiva lo que sucede en mí y a mi alrededor.

El mundo vive en caos, o los humanos lo hemos colocado en ese espacio y, además, lo alimentamos con el parloteo y la superficialidad que nos mantienen distraídos de lo fundamental. Para contribuir de formas efectivas, considero básico, intuitivo, volver a la esencia personal. Encontrar en esos espacios interiores la lealtad a uno mismo y desde esa luz diseñar una persona que tenga la capacidad de practicar su poder personal para gestionarse a sí misma y para poder estar en relación saludable con su entorno.

Los acompañantes en ese camino hacia el interior son el autoconocimiento, la autogestión y la libertad que queda del proceso. Y es precisamente con estos elementos donde el arquetipo de Hestia y yo, nos encontramos.

Hestia tiene un método que facilita el viaje hacia el interior y según la analista junguiana, se trata de “entrar en contacto con nuestros valores poniendo bajo el foco lo que tiene significado desde el punto de vista personal…” descubriendo así “la esencia de una situación.” Para mí, esto es el autoconocimiento.

Esta diosa es un arquetipo “de conexión con el centro interno… la referencia que permite a una mujer estar afianzada en medio del caos externo…” y en medio de ese caos cultivar el entendimiento de nuestras luces y sombras; y decidir, activamente, los roles que se juegan y también los que se abandonan, estableciendo límites personales, a situaciones, y a otras personas. Gestionarse es vivir y relacionarse con uno mismo y con los demás de formas saludables mental, física y emocionalmente.

Pero, ¿Qué se busca dedicando tanto tiempo al conocimiento y la comprensión de uno mismo? Personalmente he encontrado, en este viaje hacia adentro, mi más alto valor de vida, la libertad interior, la posibilidad de elegir quién soy, y de definirme a mí misma.

Libertad interior se traduce en poder personal. Es alimentar ese fuego profundo que al igual que Hestia invita para que “una mujer no esté “apegada” a la gente, los resultados, las posesiones, el prestigio o el poder, sino que “se sienta completa tal como es.”

 

 

 

 

El viaje del héroe y la búsqueda interior

Finalicé uno de los libros más fascinantes que he leído en los últimos años: “El Héroe de las mil caras, psicoanálisis del mito” de Joseph Campbell, donde el autor hace un recorrido milenario por muchas culturas a través de las cuales se acerca a los mitos y al viaje del héroe. Ambos –mito y héroe– han sido fundamentales en la construcción de la historia de la humanidad y son parte integral de cada individuo.

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Según Campbell el mito es creado por el individuo debido a su necesidad de comprender y conectarse con el cosmos, ese universo incomprensible que habita. Los mitos, junto a todos sus símbolos, fueron y son necesarios para el buen funcionamiento de la psique humana y para integrar ese cosmos y la realidad concreta del individuo.

Sin embargo, es debido a la supremacía de la razón, los avances tecnológicos y la modernidad, que se rompe la conexión entre la razón y el inconsciente; este último responsable en un buen porcentaje de la salud mental, emocional y de la toma de decisiones en cada persona. Y es esa ruptura la que provoca la neurosis colectiva que presenciamos en el mundo de hoy.

“Siempre ha sido función primaria de la mitología y del rito suplir los símbolos que hacen avanzar el espíritu humano, a fin de contrarrestar aquellas otras fantasías humanas constantes que tienden a atarlo al pasado. De hecho el porcentaje tan alto de neuróticos entre nosotros se debe a que nos negamos a recibir esa efectiva ayuda espiritual. Permanecemos aferrados a las imágenes no conjuradas de nuestra infancia y por ello poco dispuestos a pasar las etapas necesarias de nuestra edad adulta.”

El autor plantea que el héroe se construye a través de un viaje en donde el mito y el individuo se conectan permitiendo una experiencia terrenal vinculada a lo espiritual. Este viaje tiene similitudes independientemente de la raza, cultura o sociedad en la que se exprese y se manifiesta, según Campbell, en los siguientes pasos:

  1. Llamada a la aventura.
  2. Ayuda externa para iniciar la aventura.
  3. Pruebas que el héroe deberá atravesar en la zona oscura.
  4. Nuevas ayudas, todavía más poderosas.
  5. Prueba final, en donde la lección más importante del viaje habrá de ser aprendida o rechazada.
  6. Retorno con las lecciones que servirán para la vida o para contribuir con la comunidad.

Campbell se apoya en los trabajos de psicoanálisis de Freud y Jung; y explica cómo el viaje del héroe está íntimamente relacionado con cada individuo:

“El primer paso, separación o retirada, consiste en una radical transferencia de énfasis del mundo externo al interno, del macro al microcosmos, un retirarse de las desesperaciones de la tierra perdida a la paz del reino eterno que existe en nuestro interior. Pero este reino, como lo conocemos por el psicoanálisis, es precisamente el inconsciente infantil. Es el reino que penetramos en los sueños. Lo llevamos dentro de nosotros eternamente. Todos los ogros y los ayudantes secretos de nuestra primera infancia están allí, toda la magia de la niñez. Y lo que es más importante, todas las potencialidades vitales que nunca pudimos traer a la realización de adultos…”

La humanidad siempre ha estado dividida entre dos mundos, el divino y el humano; lo intangible y lo concreto. Campbell expone cómo el héroe debe aventurarse lejos de la tierra que conoce para internarse en la oscuridad y realizar ahí su aventura. Y dice que la clave para comprender el mito y sus símbolos pasa por aceptar que:

“…los dos reinados son en realidad uno. El reino de los dioses es una dimensión olvidada del mundo que conocemos. Y la exploración de esa dimensión… encierra todo el sentido de la hazaña del héroe.”

Campbell escribió este libro en 1949, pero sus conclusiones mantienen vigencia en nuestros tiempos. Al cierre de su obra, el autor, declara que la plenitud del hombre/mujer se encuentra en:

“…en el cuerpo de la sociedad como un todo… si pretende aislarse, ya sea en hechos, pensamientos o sentimientos, solo logra romper las relaciones con las fuentes de su existencia”.

Pero a pesar de que la plenitud se encuentra en el todo, Campbell hace una invitación a cada individuo para que se conecte con sus profundidades personales, en las que encontrará el significado de su propio viaje:

“No es la sociedad la que habrá de guiar y salvar al héroe creador, sino todo lo contrario. Y así, cada uno de nosotros comparte la prueba suprema – lleva la cruz del redentor-; no en los brillantes momentos de las grandes victorias de su tribu, sino en los silencios de su desesperación personal.”

Este último pasaje de su obra llena mis espacios mentales y emocionales. Hoy que vivimos momentos complejos, violentos y destructivos provocados por nosotros mismos,  salta una pregunta: ¿Cómo contribuir con la paz, con el bienestar de esta sociedad, del mundo, desde mi pequeña y breve realidad? Y solo escucho una respuesta: Desde el interior, asumiendo mi naturaleza dual, conflictiva, imperfecta, desde mi conciencia y con responsabilidad por lo que siento y pienso, por lo que lanzo al mundo, mi pequeño mundo.

En un momento en donde el coro generalizado es actúa, pronúnciate, grita, participa, ve hacia fuera, no hay tiempo, el mundo se acaba, el ser humano lo destruye… en esa vorágine de actividad solo encuentro desesperación. Sin embargo, mi mente, mi cuerpo y  mis emociones piden calma, llaman a reflexionar, a estar atenta, a buscar paz, a descubrir el silencio, a estar.

Y encuentro a Campbell que en 1949 delineó un camino para conectar nuevamente al hombre con su esencia y esta ruta resuena tanto hoy. El universo es expansión y sobre todo es caos, el mundo es parte del universo, y somos parte de este cosmos. No podemos detener la expansión, pero desde este espacio debemos elevar nuestra energía.

Y en esa vorágine que es el mundo hiper conectado, hiper activo, hiper neurótico, decido apartarme de la corriente. Quiero abrir mis alas de una forma diferente. No quiero gritar, sino viajar hacia adentro. En busca de mi laberinto personal. Ahí siento, pienso y creo que encontraré las respuestas. No es con esta modernidad. Aunque viva en ella.

Es mi consciencia la que me señala que el camino es en el colectivo, pero de uno en uno. Mi búsqueda de reconciliación conmigo misma permite la reconciliación con los demás. El flujo natural es en paz y en silencio; con sanación y reconciliación personal. Desde ahí, desde ese centro, encontraré la ruta del retorno.

 

Auto conocimiento, un método

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Imagen: Istockphoto

“Ahí, en el aliento silencioso es donde vive el alma.” Rumi

El mundo es un lugar ruidoso. Los humanos lo hemos llenado de miles de distracciones que nos dificultan la comunicación con otros, pero sobre todo con nosotros mismos. Tengo más de diez años buscando respuestas a algunas de las inquietudes más profundas que todos los humanos sentimos en algún momento de nuestras vidas. Cómo puedo sentirme más realizada, cómo puedo contribuir con la comunidad en la que vivo, cómo encuentro un trabajo que sea apasionante que me llene de energía y no me drene, dónde están mis máximas fortalezas, cuáles son y cómo alcanzo mis sueños, cómo evito el pesimismo, quién soy, cuáles son mis valores, y muchas más.

En mi camino he encontrado herramientas, consejos, prácticas que me han permitido establecer un proceso personal de autodescubrimiento. Quizás las grandes lecciones de estos años de búsqueda se resumen en los siguientes puntos:

  • No existe un camino único, hay múltiples respuestas, todos somos diferentes y cada uno tiene necesidades y capacidades distintas que debemos descubrir individualmente.
  • Es necesario tener claridad de cuáles son los valores que abrazamos, cuál es la misión o para qué estamos en este espacio. Las exigencias de la vida nos confrontan constantemente y nos invitan a definir nuestra filosofía personal, esa que dirige nuestros pensamientos, palabras y acciones.
  • Compartir y conocer las experiencias de otros es útil para encontrar luces que nos ayuden a avanzar.

Para navegar por la vida con un poco de claridad y certeza, diseñé un método personal, mí fórmula:

  1. Escribir a mano diariamente. Escogí escribir en un diario como una forma para conocerme mejor y lo convertí en un hábito. Descubrí que al escribir unos cuantos minutos diariamente, encontraba tranquilidad y respuestas a los desafíos cotidianos. Con el tiempo, la práctica se profundizó y las respuestas son cada vez de mayor calidad.
  2. Organizar y priorizar mi agenda. Casi siempre estamos afuera. Hemos desaprendido a conectarnos íntimamente con nosotros mismos. La profesión o lo que hacemos para vivir se vuelve tan importante que creemos que eso es lo que nos define como personas. Nos olvidamos que somos seres multidimensionales. Cuando lo comprendí, empecé a priorizar personas, actividades y tiempo libre en mi vida. Ahora sé que hay un tiempo para trabajar, un tiempo para descansar, un tiempo para disfrutar y compartir con otros y un tiempo para no-hacer; este último un camino hacia la creatividad y el disfrute.
  3. Tiempo personal. Estar a solas es un lujo. Poder sentirte acompañado con tu propia presencia, un regalo maravilloso. Ya no sé qué sería de mi vida sin el tiempo que destino a estar a solas. Puedo hacer infinidad de actividades constructivas: recargarme, reflexionar, encontrar el fondo de las cosas, conectarme con mi esencia, sentir la vibración del amor, respirar, observar los colores de las flores, leer y encontrar en otros preguntas o respuestas, solo estar.
  4. Meditar. Logré en 2015 convertir a la meditación en un hábito; 20 minutos cada día solo para respirar conscientemente. Al hacerlo, puedo entrar al mundo con mayor tranquilidad y claridad de cuál es mi camino. Meditar evita que otros decidan por mi aquellas cosas que son valiosas para mi vida. Meditar, me genera estabilidad y me permite descubrir respuestas profundas en ese espacio.
  5. Reconocer cuándo necesito ayuda. Las prácticas que he desarrollado a lo largo de estos años sumado a mi carácter independiente me permiten avanzar decididamente hacia lo que quiero. Sin embargo, la escritura y la meditación me han regalado alguna cuota de paciencia y de sensatez y estos ingredientes me ayudan a reconocer cuando necesito salir de mi misma e ir a pedir ayuda a otros. La terapia psicológica y mi práctica de coaching, son dos de mis grandes ayudas. La luz que te puede dar un profesional sobre los temas más relevantes de tu vida, es invaluable.
  6. Accionar. Salgo al mundo a diario. Algunos días -como hoy- puedo quedarme en la comodidad y seguridad de mi hogar, pero los desafíos deben enfrentarse. Voy al mundo con estas herramientas, actúo y me observo. También observo a los demás, para comprender el reflejo que me devuelven aquellos con los que me relaciono.
  7. Recalibrar. Y el ciclo inicia al regresar a mi casa interna, a la paz de mi silencio. Ahí vuelvo a calibrar, a reflexionar. A ver compasivamente mis errores, y también los errores de los demás. A descubrir las fortalezas y los intercambios de la vida en comunidad. Estamos interconectados, pero somos diferentes.

Quizás estas actividades parezcan difíciles de practicar a diario. Pero cada una tiene un lugar y un momento y son vitales porque me permiten conocerme a profundidad para saber estar en el mundo, para enfrentar los desafíos con mayor tranquilidad o para recomponerme más rápido de mis caídas. La vida es movimiento constante y vale la pena estar preparado para navegarla.

 

 

 

La Esencia…

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Foto: Istockphoto

El mundo está lleno de ruido, demasiado ruido. Tanto que es complejo encontrar silencio. Nadie lo quiere. Se considera triste estar en silencio, y se califica de “feliz” si se permanece sonriendo.

En esa búsqueda de felicidad eterna, imposible de alcanzar, se desconectan esos finos cables que llevan a la esencia, esa que solo se encuentra en compañía del silencio.

Ella, se convirtió en una desconocida a la que hay que ir a buscar en las profundidades. Su voz es tenue; su amor y sabiduría infinitos. Esa otra parte del ser, que es tan sabia, a ella se la mantiene a distancia.

El ruido afuera es tal y las luces nunca se apagan… la música no cesa, pero la esencia suavemente empuja y anima. Es la que acompaña cuando la fuerza descansa al lado del camino. Ella susurra palabras dulces y anima a continuar.

La esencia es un murmullo al viento, un breve tintineo de energía suave y amorosa. El silencio, es la puerta y es la llave para llegar a ella.

 

 

Moverse hacia la fuente

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Moverse cuesta. La costumbre echa raíces. Muchas veces no se sabe por donde empezar o por qué es necesario cambiar algo que opera medianamente bien. El miedo también paraliza.

Pero siempre hay una luz tenue o una suave voz que revelan que hay algo más que hacer, que es necesario mover alguna pieza para que la rueda de la vida empiece a girar.

Moverse puede resultar pesado y hasta doloroso, pero vale la pena. Una vez se atraviesa el temor al cambio, se descubren campos verdes y soleados. Y aunque, muchas veces, lleguemos cansados y tristes el disfrute es tal que uno reconoce inmediatamente que el esfuerzo, que el dolor y el camino valieron la pena.

El miedo, aunque es natural, se combate actuando. Aprendimos que el miedo es bueno, que está bien vivir con él, que el mundo es peligroso y que los otros, esos que vienen de la misma raíz, también son peligrosos.

Yo pienso que también nosotros lo somos. Ninguno está exento, que estamos hechos de todo y de nada, que bebimos de la misma fuente y que al final quedamos reducidos a lo mismo.

Al irnos de aquí nos vamos como llegamos. En un breve suspiro. Pero volvemos a la fuente, con mil colores, con mil esencias y ahí somos uno. Sin diferencias.

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El tiempo…

 

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Tiempo ¿Nuestro amigo o enemigo?

El tiempo avanza incesantemente. No sabe detener su paso. No hay forma de escapar de él. Cada día más lejos, más distante, más fuerte.

El tiempo, ojalá fuera mi amigo y se quedará a mi ritmo. Cerquita de mi, disfrutando de el mismo, de su latir lento, de su anciano caminar.

¿Pero, quién es el que pasa? ¿Quién es el que avanza? es el tiempo, mi eterno amigo, o soy yo, la breve semilla que corre tras el tiempo…

 

Lecciones del 2015…

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Hay que afrontar la vida con seguridad, con la certeza de estar haciendo algo sensato.” Vincent van Gogh.

Los cierres de año significan mucho para mí. Por ello procuro estar más tiempo a solas para abrirme espacio a la reflexión, así como para plantearme objetivos para el período que inicia. Este año ha sido dulce-amargo y estas son algunas de las lecciones que recojo de este tiempo:

  1. Los sueños son personales. Uno debe perseguirlos, toda la vida si es necesario. No importa lo que piense el resto. Ese es su derecho. El mío, seguir adelante.
  2. Casi nadie entiende el camino que cada individuo decide recorrer. Lo único que queda es aceptar este hecho y continuar con el plan.
  3. La vida vale la pena vivirla desde el corazón. Con él uno puede tomar decisiones con amor y comprensión.
  4. Las situaciones y las personas cambian. Lo único que no cambia es la relación con uno mismo. Y por eso es vital desarrollar un vínculo de amor personal.
  5. Amarse a uno mismo no es egoísmo. Amarse así es la única forma de respetarse, aceptarse y perdonarse, de mantener sanidad mental y emocional. Al final si yo estoy bien mis relaciones, de cualquier tipo, también lo estarán.
  6. Leí por ahí que “el amor es la ausencia de juicio”, por eso nos cuesta tanto amar verdaderamente.
  7. Sentir profundamente puede ser abrumador, pero es vital si no queremos vivir adormecidos.
  8. Al dolor hay que aceptarlo y darle espacio para que se exprese. Después de un tiempo es imprescindible abrir ventanas y puertas, dejar entrar al sol, a la brisa fresca y continuar…
  9. Hasta que no practiquemos el respeto por las opiniones de los demás, la vida seguirá siendo un campo de batalla.
  10. Este año, como ningún otro, he comprendido muchos aspectos de mi naturaleza y uno de mis grandes objetivos para el 2016 es honrarlos completamente.

 

Vida de emprendedora

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La clave es comprender que a veces se puede y otras se cede…

Me independicé para vivir y trabajar según mi visión e ideales. Y aunque la independencia no es cosa fácil, me ha permitido diseñar un camino, mi camino.

Vivo, la mayor parte del tiempo, bajo mis estándares. Algunas veces debo ceder, pero me doy cuenta que casi siempre digo y hago bajo mis criterios y prácticas.

Y quizá debo reconocer que esto de actuar o ceder es como una danza en donde a veces lidero y otras pacientemente -procuro- dejarme guiar. Pienso que la clave es comprender que a veces se puede y otras se cede…

He aprendido a caminar sobre este proceso de relajarme más, de administrar mejor mi agenda, de aprender a decir “no”, de priorizar, de no tomar más de lo que puedo manejar. Pero sobre todo de hacer aquello que  llena más mi vida, que me da satisfacción.

Auto observarme, ser el “observador y lo observado” como dice Krishnamurti, me ha ayudado a estar presente, a atenderme, a vivir la vida, mi vida y mi proceso.

¿Qué más ha contribuido con este proceso de auto observación?

  • Tiempo a solas
  • Tiempo entre la naturaleza
  • Meditar, 20 minutos diarios. Logré en 2015 volverlo un hábito
  • Escribir a mano. 15 minutos son suficientes para dejarme en un estado de relajación y reflexión
  • Observar mis pensamientos y experimentar en mi cuerpo lo que me hacen sentir
  • Cuestionar creencias y paradigmas, vivimos en un mundo cambiante
  • Tomar vino y conversar con mi esposo
  • Sentirme agradecida y feliz por todo lo anterior

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La necesidad de transformación del ciudadano

IMG_3541Los salvadoreños necesitamos transformarnos. Vivimos sobre la base de unos marcos y creencias demasiado estructurados y nos hace falta mucha humildad y flexibilidad para comprender lo compleja que es esta pequeña sociedad. Tenemos una gran necesidad de quebrar la polarización, en todo sentido, y como ciudadana planteo algunas notas:

Primero. Los simpatizantes de los partidos políticos deben aceptar que El Salvador es más que sus partidos y sus ideologías. Que las elecciones no las ganan únicamente con los votos de sus bases, que necesitan del resto de salvadoreños que no pertenecemos a ningún partido, pero que nos vinculamos con ellos de acuerdo a sus propuestas. Por lo tanto deben dejar de creer que son solo ellos quienes mueven al país y a sus sistemas político, económico y social.

Segundo. Los ciudadanos debemos comprender que todos hacemos política. Que esta es una ciencia que no está atada a los partidos, que los partidos son solo una expresión, un vehículo para hacer política.

Tercero. Los ciudadanos tenemos el derecho y el deber de hacer política, de participar, de informarnos, de opinar y exigir. Es parte del juego de la democracia. Por ello no debemos sentir vergüenza de intervenir y expresar nuestro sentir.

Cuarto. Si queremos participar e incidir debemos informarnos, entender la realidad de este país, aprender a leer entre líneas y reconocer quién es quién en este mapa político. Debemos evitar ser utilizados y debemos tomar decisiones basadas en la reflexión y no en las emociones irritadas por discursos, gritos o himnos. El país merece que nos tomemos el tiempo para pensar, discutir y reflexionar acerca del rumbo que llevamos.

Quinto.  Debemos encontrar un punto en común que unifique a la mayoría. Tenemos un menú triste por donde empezar: la violencia, la corrupción, la impunidad o la polarización. ¿Cuál escogemos?

Sexto. Debemos respetar las creencias y preferencias políticas, así como las de cualquier otro tipo. Es mejor que entendamos, de una vez por todas, que en este pequeño espacio tenemos que convivir todos y que debemos respetar las diferencias si de verdad nos interesa alcanzar un estado de paz y bienestar. La diversidad de pensamientos y creencias nunca se va a terminar.

Séptimo. La convivencia pacífica solo se logra respetando al otro y para poder hacerlo, primero debo ejercitar ese respeto conmigo mismo. No puedo dar lo que no tengo. Así es que a esos que polarizan y que se creen superiores para llevar sus ideas hasta las últimas consecuencias, los invitaría a verse un poco hacia adentro, no sea que lo que tanto critican en el otro lo tengan impregnado profundamente.

SOLE, el poder de UNO

Una de las razones por las que decidí emprender un negocio, fue porque quería tener más tiempo libre para desarrollar actividades que me generan gran satisfacción y que no necesariamente estaban relacionadas con lo que se considera “trabajo”. Una de ellas era mi participación como Directora en Voces Vitales, una organización que se dedica al empoderamiento económico y personal de las mujeres. Una tarea, que me inspira.

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Desde hace algunos meses estoy desarrollando para jóvenes guías de los museos Tin Marín y Marte y más recientemente para Voces Vitales y un grupo de mujeres emprendedoras el taller “Conéctate y encuentra tu voz personal”, en cuyo diseño puse mi corazón y mi pasión. Este desarrolla elementos para establecer una marca personal, pero trabaja mucho en el proceso de autoconocimiento, una forma de conectarse con uno mismo, que facilita identificar quién soy y qué quiero en los diferentes ámbitos de la vida. La idea central es establecer una ruta personal e independiente de autodescubrimiento y autorealización. Una, que devuelve la responsabilidad al individuo por los resultados en su vida.

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La auto observación es un ejercicio valioso, pero poco apreciado y practicado porque vivimos en un mundo que le gusta permanecer afuera, que disfruta el ruido, que huye del silencio y del tiempo a solas porque no le agrada comprender ni conocer la intensa y compleja vida interna que poseemos como individuos.

En esta fase de emprendedora y de apasionada por el autoconocimiento, mi parte creativa ha sido poderosa, una habilidad que estaba convencida no poseía. Sin embargo, en el desarrollo de esta faceta logré crear una marca. SOLE, El poder de UNO. Mi emprendimiento social para promover el valor de este proceso de conocerse a uno mismo. Un viaje que solo puede realizarse en solitario.

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SOLE tiene muchos significados, pero hubo uno que me encantó, es en inglés: being the only one of the kind; unique; unsurpassed; matchless”. Una noche llegó el nombre con todo su color. Conversé con un amigo diseñador y le pedí que me desarrollará la imagen de SOLE. Esta coloca la luz brillante y cálida del sol en una flor de loto, esas que crecen solitarias en el fango pero que son excesivamente hermosas y pareciera imposible que algo tan bello pueda salir de ese lugar. Eso es para mí el autoconocimiento, un proceso profundo de transformación. Un viaje de limpieza y auto observación que permite reconocer ese brillo único e individual.

Las cosas hermosas no nacen de la nada. La vida es procesos y una vivida con sentido se obtiene a través de la auto observación. SOLE es un sueño que pretende promover el poder de la transformación individual que en su evolución también provoca cambios colectivos.